Rennes-le-Château

La historia documentada de un cura y su leyenda.
Lo demás o te lo crees o no….

28-11-1985 La Vanguardia

28-11-1985 La Vanguardia

con28-noviembre-1985-LA-VANGUARDIA Desde la década del cuarenta la cultura judeo cristiana sufre espasmódicas sacudidas teológicas debidas más a la arqueología que a la especulación. Primero fueron los Evangelios Gnósticos de Nag Hammadí en Egipto, luego los famosos Rollos del Mar Muerto cuya lectura y desciframiento aún continúan. Ahora es este enigma sagrado que desconcierta y maravilla: el misterioso tesoro hallado en Rennes-le-Chateau, en el sur de Francia, por el cura Bérenger Sauniére en el año 1891 y durante unos trabajos de restauración de la iglesia local. En el transcurso de las obras Saunière quitó la piedra del altar, que reposaba sobre arcaicas columnas visigóticas, y notó que una de éstas era hueca y contenía cuatro pergaminos, dos de los cuales eran genealogías, una de 1244 y la otra de 1644, fueron —parece— redactadas por un predecesor del afortunado sacerdote: el abate Antoine Bigou. Más allá del latín vulgar de los escrituras, que incluyen unas extrañas “manzanas azules”, brotaban, sorprendentes, los nombres del pintor Teniers (no se sabe si padre o hijo). la palabra Paz seguida del número 681; y los nombres de Dagoberto II y de Sión. Sauniére, que viajó a París, hizo amigos influyentes, volvió a su pueblo y de la noche a la mañana comenzó a gastar dinero a manos llenas beneficiando a sus conocidos y feligreses. coleccionando mármoles y sellos, poseído por una certeza que, por desgracia, se llevó a la tumba. ¿Había hallado un tesoro? ¿Cómo hizo para actualizar la moneda o vender el oro y no levantar sospechas? Mejor dicho, ¿por qué al levantarlas y tener problemas obtuvo más tarde la anuencia del Vaticano para seguir haciendo lo que hacía? ¿Dio con el tesoro de los kabalistas, de los cátaros, de los templarios?

Los autores de este libro, ambicioso y demoledor en algunos aspectos, fueron primero tras las huellas de Séde —el primer investigador que habló del tesoro— y luego del mismísimo Sauniére, reconstruyendo mediante entrevistas, lecturas, datos, la relación entre el linaje davídico y los merovingios. Cómo Roma apoyó a los carolingios, persiguió y eliminó a templarios y cátaros, acabó por devolver a los judíos a su sitio tras siglos de discriminación, odio y barbarie, un triunvirato de anglicanos —supongo— ex cava sus cimientos hasta de mostrar la fragilidad de su poder. Duda mucho que el saber, qu el conocimiento, cambie las cosas. El mundo, la historia, que como la alquimia oscila del solve al coagula, únicamente alcanza cohesión por medio de la fe. Poco importa que Cristo, que el Mesías, haya tenido hijos, o que la Magdalena haya sido su mujer. “El espíritu sopla donde quiere”, lo que equivale a decir que la sangre desvía, por lo general, su curso allí donde el espíritu continua imperturbable. De cualquier manera esta historia, este enigma sagrado es una novela épica, un documento fascinante que procede por síntesis, por alianzas de aquello que la ciencia histórica ha ido develando parcialmente. Muchos lectores, como dice Atienza en el prólogo, sentirán al leer esta obra que su mullida creencia se endurece y luego resquebraja. Pero así fue en el comienzo y así será en el final. El Evangelio, el “mensaje”, debe ser estudiado e interpretado en cada siglo por lo que cada siglo interiormente busca. Aun a costa de su propia identidad espiritual. En cuanto a la idea de un futuro emperador de Occidente, descendiente de los merovingios y con voluntad paneuropea la veo más peligroso que probable. La verdad, unificada, es buena para los individuos. Convertida en razón de estado, se transforma ipso facto en una flagrante mentira, en tiranía de pocos sobre muchos.

MARIO SATZ

CC BY 4.0 28-11-1985 La Vanguardia por Xavi Bonet está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

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